viernes, 15 de julio de 2016

Importancia de la Inteligencia Emocional

Un ser óptimo y funcional para la vida misma requiere aprender a desarrollar una inteligencia emocional desde temprana edad, que le permita generar equilibrio entre sus capacidades, su desempeño y su forma de interactuar ante los estímulos internos y externos.

La inteligencia emocional pretende la armonía entre emoción y cognición. Las emociones proporcionan avisos ante momentos difíciles, circunstancias sorpresivas y tareas por resolver.

Shapiro, Avia y col. (citado en Rionda, Bello y Rodríguez, 2010) destaca algunos elementos recurrentes presentes en la emoción, los cuales pueden servir de guía para su caracterización: „Son respuestas a estímulos internos o externos, significativos para la persona; carácter dual, son positivas o negativas: „ muestran patrones de respuesta diferenciados en los planos fisiológicos, expresivos y conductuales; manifestación breve e intensa; „su función fundamental es adaptativa o de ajuste al medio; implican una relación bilateral con la cognición, en tanto la evaluación de la situación o estímulo desencadenante es parte de la respuesta emocional.

Explica Bisquerra R, que se ha dado un rompimiento con la hegemonía de la razón a favor de la armonía entre razón y emoción, debido al aumento de los índices de violencia, evidencias de que lo cognitivo por sí mismo no contribuye a la felicidad, también que el rendimiento académico no es garantía del éxito profesional y personal, así como la creciente preocupación por el bienestar, el estrés y la depresión, lo que ha llevado a la búsqueda de habilidades de afrontamiento, con base en la neurociencia y la psiconeuroinmunología, entre otros.

Por su parte Goleman acuña cinco dimensiones para articular la inteligencia emocional: la conciencia de uno mismo, la autorregulación, la automotivación, la empatía y la capacidad de relación. Mismas que son aprendidas y, por lo tanto, susceptibles de ser desarrolladas. Para este autor, la inteligencia emocional es ‘‘la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos’’. (citado en Rionda, Bello y Rodríguez, 2010).

La teoría de la inteligencia emocional ha sido motora de cambio en la forma de cómo se describe a la persona inteligente, por lo que educar a los seres humanos en ella es un imperativo actual.

Se ha dado lugar al diseño de programas de educación emocional para todas las edades y diversos ámbitos del quehacer humano como la escuela, la familia o la empresa. La mayoría de estos programas suelen tener un carácter preventivo o interventivo. Sin embargo, su  principal objetivo -aún en vías de desarrollo- es propiciar la comprensión de lo que efectivamente está ocurriendo en la esfera emocional, personal y social, de tal manera que el individuo logre disponer de recursos que contribuyan a un mejor ordenamiento de las emociones en función del crecimiento personal y colectivo.

Nuestros niños y jóvenes necesitan estar preparados para enfrentar situaciones que años atrás no existían, de ahí la importancia de ser educados emocionalmente en la escuela y la familia.


Referencia:

Rionda-Sánchez, H D; Bello-Dávila, Z; Rodríguez-Pérez, M E; (2010). La inteligencia emocional y su educación. VARONA, (51) 36-43.
Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=360635569006

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