viernes, 8 de julio de 2016

Empatía en la Comunicación

La Comunicación va más allá del uso de un vocabulario. En realidad todo nuestro ser se expresa por distintos canales y códigos. Por ello, para hablar de efectividad en el proceso comunicativo, es menester aprender a detectar lo que estamos emanando en todos sentidos, pues de ahí partirá el interlocutor para identificar la congruencia entre la palabra emitida y la expresión global. 

Recordemos que decimos cosas con nuestra mirada, con el tono de la voz, a través de nuestra vestimenta y arreglo general; los gestos son sumamente elocuentes, así como la postura de nuestro cuerpo, la distancia a la cual estamos de nuestro interlocutor, y hasta con el silencio comunicamos. (Otero, 2008). 

Estos factores y muchos otros debemos detectarlos en nuestro ser, pero también en la persona con la cual establecemos el proceso comunicativo. Aquí es precisamente donde interviene el factor de respeto ante las diferencias, costumbres, creencias y tradiciones, como eje de la comunicación eficaz.

Un elemento fundamental para lograr el respeto susceptible de dar lugar a la efectividad, es la empatía. Para Haydée Otero (2008) la empatía se da al sintonizarnos con las emociones y sentimientos del otro, al ponernos en su lugar y saber lo que siente. Se refiere a la capacidad de percibir los estados de ánimo de la otra persona, leer lo que expresa el tono de su voz, su postura, sus actitudes. Pero no asume posturas de juez para criticar el estado emocional del otro. Si bien es cierto que ello no implica estar de acuerdo con los puntos de vista del interlocutor, ni tampoco sentir lo mismo. Se trata de entrar en sintonía, en comunidad, con alguien. 

Al vincular las referencias de la empatía con la comunicación notamos que implica hacer esfuerzos activos por comprender el mensaje del otro. Implica preocuparse tanto por entender como por ser entendido y saber escuchar.

Otero (2008) puntualiza la importancia de no monopolizar el diálogo. Se trata de una conversación, al monopolizar el habla se dedica menos tiempo y atención a escuchar. Los esfuerzos se concentran en emitir una opinión, más que en comprender a la otra persona. Quienes no saben escuchar interrumpen el curso de las ideas de los demás.

Sin embargo, propone evitar guardar un silencio absoluto y pasivo. La escucha activa se manifiesta al saber escuchar, dando muestras al interlocutor de que lo entiende; sigue el curso la conversación mediante gestos, exclamaciones, comentarios o preguntas; y se interesa realmente por entender. El ser empático encuentra un gran valor en lo que el otro aporta. 

Requerimos emplear inteligencia emocional primero con uno mismo, ésta involucra autoconocimiento, autocontrol, automotivación y empatía. Las personas que poseen esta competencia muestran habilidades para poder controlarse, motivarse a sí mismos, y erradicar brotes de negatividad.

Los seres emocionalmente inteligentes saben persuadir y formar equipo, propician el cambio, son incluyentes y comprenden los sentimientos del otro. La capacidad de resonancia emocional permite vibrar junto con la otra persona, reconocerla para entrar en sintonía, así la comunicación genera beneficios para ambos y para su entorno.


Referencia

Otero Martínez, H; (2008). Hacia una Comunicación Efectiva y Humanista en ámbitos de salud. Revista Habanera de Ciencias Médicas, VII(1) 
Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=180418956002 

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